El árbol arrestado

Publicado: 27/11/2023
Autor

Salvo Tierra

Salvo Tierra es profesor de la UMA donde imparte materias referidas al Medio Ambiente y la Ordenación Territorial

Escrito en el metro

Observaciones de la vida cotidiana en el metro, con la Naturaleza como referencia y su traslación a política, sociedad y economía

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en la región paquistaní de Landi Kotal permanece encadenado un viejo nogal, con una esquela colgada en una de sus ramas en la que anuncia ‘estoy arrestado’
Poco puede imaginarse que el reo más antiguo que permanece arrestado desde hace 125 años sea un árbol. Efectivamente en la región paquistaní de Landi Kotal permanece encadenado un viejo nogal, con una esquela colgada en una de sus ramas en la que anuncia ‘estoy arrestado’. La historia es tan alucinante como divertida. Un oficial británico, que solía andar ebrio por las callejuelas de la villa, cierto día en el que el viento arreciaba con fuerza, al acercarse al árbol oyó unos rezongos que no eran más que el zumbido de sus ramas. Al volverse para ver de donde provenían aquellos murmullos una rama del árbol le rozó, sobresaltándose por el susto. Los pueblerinos al ver el respingo del temeroso militar no pudieron aguantar sus risotadas ante el invasor. Ante su vergüenza no dudó en dictar la orden por la que se condenaba al árbol a estar encadenado hasta el fin de sus días.

Las recientes investigaciones de Mancuso nos hablan de una inteligencia vegetal que va desde modos de comunicación hasta formas de cuidar a sus descendencias, pero hasta ahora no se ha evidenciado la maldad en la curiosa idiosincrasia de las plantas, más allá de las variadas y sofisticadas formas de defensa o expansión.

Uno de los desastres naturales, consecuencia de la crisis climática, que más aumenta tanto en frecuencia como intensidad, son los vendavales. Las borrascas del atlántico norte en las regiones subtropicales, como la nuestra, empiezan a tener tintes de huracanes. De hecho cada vez son más las evidencias de ciclones tropicales mediterráneos o medicanes, que las predicciones apuntan a que serán más habituales y potentes.

Como hemos visto en tantísimas imágenes de este último mes, nuestras ciudades no están preparadas para tan titánica fuerza del aire. Tendremos, en consecuencia, que empezar a adaptar desde nuestros edificios y viviendas hasta el mobiliario urbano. Pero el más perjudicado por ahora es el arbolado de nuestras calles, plazas y parques. Hemos visto reportajes desgarradores de árboles caídos, arrancados de cuajo o de grandes ramas desgajadas de sus troncos. Los hilos de las redes sociales prodigaban sentencias más crueles que las del oficial inglés. Para qué queremos árboles en las ciudades, se preguntaban a pesar de lo obvio, para acabar promulgando que el mejor árbol es el talado.

De media nuestras calles destinan dos tercios de su superficie a los coches, y el tercio restante lo tienen que compartir peatones, ciclistas, patinetes, señales de tráfico y demás mobiliario urbano, dejando para el arbolado una superficie cada vez menor. Los árboles quedan insertos en alcorques ridículos que no permiten el desarrollo de raíces que sirvan para un anclaje de seguridad garantizada.

Entiendo el dolor por las víctimas personales, a las que no le vale el consuelo de que el riesgo por daños producidos por árboles son de una probabilidad mínima, y el cabreo de los que han visto dañados sus bienes materiales, como esos coches machacados por más de tres toneladas de materia vegetal, a los que tampoco consuela el que los servicios que nos presta el arbolado urbano son enormes. En una Málaga sin árboles, la temperatura media subiría tres grados y durante las olas de calor incluso al doble, y entonces nuestra floreciente economía se tambalearía hasta caer en picado.

Podríamos llevar a juicio a todos los árboles supuestamente malhechores, pero qué más condena tienen que estar obligados a convivir en un ecosistema tan agresivo como es la ciudad. El nogal paquistaní subsiste a pesar de sus cadenas, pero del oficial británico siguen mofándose propios y extraños.

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