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24/10/2021

Atando Cabos

El amor de los caracoles

En general el amor a los animales no es excluyente con los seres humanos salvo excepciones producidas generalmente por la soledad: una soledad no elegida

Publicado: 31/03/2021 ·
10:39
· Actualizado: 31/03/2021 · 10:39
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  • Imagen de archivo de un perro de asistencia.
Autor

Remedios Jiménez

Licenciada en Historia, docente jubilada, integrante del Aula Atenea del Ateneo de Jerez y de varios clubes de lectura

Atando Cabos

Es mi forma de desentrañar la maraña informativa. Cuento con la complicidad del lector para llenar los huecos de la ironía

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Hace un año que tengo una perrita. No sabía que llegaría a quererla tanto, cuando viajo la echo de menos y quiero que la pongan al teléfono. Una manera de hacer el ridículo como otra cualquiera, pero es que se convierten en miembros de la familia.

Hay quiénes son claramente misántropos y suplen la falta de afecto humano con el amor de los animales. Eso le ocurría a Patricia Highsmith con sus seis gatos, era ésta la compañía que la escritora mejor toleraba, las parejas no le duraban mucho. Pero hay otro afecto animal que la llevó a la extravagancia. Un día, en una pescadería vio a dos caracoles emparejándose, la contemplación le fascinó de tal manera que se hizo criadora. Creó en su casa un vivero con unos trescientos ejemplares. Lo que le causó algún problema cuando se mudó a Europa, no le dejaban llevárselos. Eso le dio la idea de introducirlos de extranjis, cada vez que viajaba se llevaba unos pocos en los bolsillos hasta trasladar su colonia.

Hay quien pudo contemplarla con ellos, solía llevarse unos cuantos, a las fiestas, dentro del bolso, junto a unas hojas de lechuga y cuando se aburría los sacaba. Los invitados de alrededor cuando los veían solían rehuirla y creo que para eso lo hacía. Le aburría la compañía humana y se la quitaba de en medio con estos animalitos que le llamaban mucho más la atención.

En general el amor a los animales no es excluyente con los seres humanos salvo excepciones producidas generalmente por la soledad y suele ser una soledad no elegida. Muy distinta a la de Patricia Highsmith que sin embargo era una gran conocedora de la mente humana como vemos en sus novelas. Una cosa no quita la otra, la gente a la que no quería cerca era su objeto de estudio.

No sé si Patricia Highsmith fue feliz con su soledad, a mí la que me preocupa es la de la gente joven y la gente mayor. No es muy recomendable pasar la adolescencia solo o sola con un ordenador. Tampoco lo es pasar los últimos años mirando la tele. Cuando tenía alumnos los que más me preocupaban eran aquellos con los que sus padres estaban muy tranquilos porque se quedaban en casa.

Nunca la soledad ha sido un problema tan grave como en la actualidad. Cualquier día puede que salga en el Parlamento como salió el tema de la salud mental, para sorpresa de algunos que lo consideraron ridículo, pero cada época tiene sus lastres. Mientras se repara en su importancia y se toman medidas tenemos tiempo para ver aparearse muchos caracoles.

 

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