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Sábado 08/05/2021

El Loco de la salina

Estas cosas me ponen negro

En fin, que el pobre jugador del Cádiz ha tenido que aguantar carros y carretas.

Publicado: 11/04/2021 ·
20:11
· Actualizado: 11/04/2021 · 20:15
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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Aquí en el manicomio pensábamos que los locos éramos nosotros y que teníamos la exclusiva. Pues parece que no. Ahora resulta que de pronto un jugador de fútbol del Valencia se pone a gritar como loco que otro del Cádiz le ha llamado negro de mierda, se detiene el partido, se le hace caso al que más chilla, y del tirón muchos guays, entre ellos políticos con menos luces que el callejón de las ánimas, no dudan en mandar a la horca al sospechoso sin encomendarse ni a Dios ni al diablo.

Estos señores me han traído a la memoria los lejanos tiempos del cine de Zambrano y aquellas películas del oeste en los que imperaba la ley del aquí te pillo aquí te mato. Salía del saloon el macarra de turno cargado de whisky, echaba la cuerda en una rama gorda del primer árbol que tenía a la vista, se la ponía al cuello al acusado sin pruebas, y dejaba el patíbulo listo de papeles. Muchos le reían la gracia, alguien pegaba un disparo al aire, y el caballo sobre el que habían montado al pobrecito salía disparado como una bala. Dejaban colgando al reo, y si te vi no me acuerdo. Ni el del ocaso aparecía por allí. Pues igual. Que lo haga esto un cuatrero de la pradera o el malo de la película o el loco de la salina, vale, pero que lo aplauda públicamente un Iglesias o un Echenique, llevando ambos el respetable nombre del que se cayó del caballo, o una Montero, que tanto larga por esa boca a favor de la igualdad, es lo que te hace pensar en manos de quiénes estamos. También se subió al mismo carro el presidente del Valencia, al que se le supone, mal supuesto, un mínimo de luces, Y encima anda el mismo camino una prensa que sigue haciendo méritos sobrados para conseguir un sitio en el WC, a pesar de que todo el mundo anda provisto de papel higiénico desde aquella lejana primera ola.

Lo vamos a explicar despacito para que sus escasas inteligencias puedan captarlo. Hasta los locos tenemos entendido que, cuando hay una discusión o un tema sobre el que se discute, deben escucharse las dos partes. No se debe escuchar una parte solamente por mucho que grite, por mucho que patalee o por mucho que se sea más negro que la noche… Tampoco se puede uno inclinar a una parte por el aspecto de la cara, es decir, por la cara, o por el tono de la voz. Otra cosa: dicen que el negro existe, los ingleses lo llaman black, los italianos nero, los franceses noir, los portugueses preto…, es decir, que negros hay en todos los sitios. Pero en el manicomio sabemos que el color negro no existe. En realidad el negro no es un color. El negro es la ausencia de luz y no se debe decir hombre de color. A pesar de esto, se suelen pronunciar frases como “mi traje es de color negro” o “mi coche es de color negro”. Mal dicho. Aquí lo único que es negro es el cerebro de algunos personajes, que tienen los cinco sentidos entretenidos en conservar sus fabulosas pagas vitalicias. Pero se ha demostrado que la mierda sí existe y que sale a borbotones de las bocas de los iluminados y de los acusadores sin pruebas.

En fin, que el pobre jugador del Cádiz ha tenido que aguantar carros y carretas. En represalia por todo ello y como protesta por tan injusto trato, a partir de mañana dejaré de comer naranja de postre. Estas cosas me ponen negro.  

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