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Jueves 17/06/2021

El Loco de la salina

Ya pasó lo peor

Los locos hemos seguido preocupados y con mucha atención todos los informativos, aunque al final hemos visto que ni los expertos se aclaran con el tema.

Publicado: 09/05/2021 ·
20:05
· Actualizado: 09/05/2021 · 20:05
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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La verdad de la buena es que los locos hemos estado demasiado tiempo con el alma en vilo y el pensamiento en un puño. No hay derecho a que nos tengan así de acongojados, por no decir otra palabra más grosera, sabiendo que nuestro cerebro no carbura bien y que hay cosas que no podemos comprender. Uff, se me ha escapado eso de podemos y a los ciudadanos no se les debiera mentar la soga en casa del ahorcado.

Se creen ahí fuera que los locos tenemos que entender de todo y que nos pasamos el día dándole vueltas en el patio a nuestras escasas células grises. Habíamos ido a la biblioteca, pero la biblioteca tampoco daba soluciones, porque hay cosas que no vienen en los libros. Había llegado un momento en que ya no sabíamos si escondernos, si buscar protección en otros sitios o si encomendarnos a todos los santos del cielo. Han sido demasiados días pendientes de lo que decían unos, de lo que aseguraban otros y de lo que nos iban relatando los presuntos expertos. No comíamos, no bebíamos, no descansábamos, no teníamos tino para nada. Encima, no paraban de advertirnos de que venía una cuarta ola y que pobrecito quien estuviera en la playa tan tranquilo.

Aquí en el manicomio no se funciona como en el gobierno, aquí confiamos sobre todo en los expertos, que son los que de verdad saben de la materia, porque para eso han estudiado lo suyo y lo nuestro. Pero los políticos se meten en todo, como el maestro liendre, que de nada sabe y de todo entiende, y es raro que no la caguen a diario. Encima, con el chotis electoral madrileño han intentado desviar nuestra atención con que si uno se vuelve a su chalé, con que si el otro ha tenido que ir al hospital, con que si la de más allá dice que le debemos una o dos…, pero no lo han conseguido. Por cierto, hay que ver la cantidad de horas que le han prestado a las elecciones madrileñas, ya veremos cuanto tiempo le dedican a las andaluzas.

A lo que iba. Los locos hemos seguido preocupados y con mucha atención todos los informativos, aunque al final hemos visto que ni los expertos se aclaran con el tema. Sabemos de las dificultades que entraña adivinar por dónde iban a ir los tiros y de qué lado iba a caer la pelota, pero alguna pista deberían habernos dado para no morder la desesperación. También hemos visto a muchos compañeros, (ya se me olvidaba) compañeras, compañeres, y por qué no, compañeris y compañerus rezando como locos para salvarse de todo lo que se nos venía encima. Algunos, algunas, algunes, algunis y algunus ya se veían en el otro mundo y suplicaban una muerte rápida con el menor dolor de cabeza posible. Sin embargo, tengo que decir, con una alegría que me coge desde aquí hasta aquí, que hoy ha amanecido con la buena noticia tanto tiempo esperada. Ya pasó lo peor. La cosa ha sido más rápida de lo que cualquier loco hubiera pensado. Ya se acabó eso de estar pendientes de la espada de Damocles que amenazaba nuestros débiles cocos.

Que lo sepan los locos, locas, loques, loquis y locus, y también los cuerdos, cuerdas, cuerdes, cuerdis y cuerdus, para que dejen ya de preocuparse: el cohete chino ha caído por fin hecho mijitas en el Océano Índico, y ya del porrazo que nos podía haber dado en la cabeza no nos vamos a morir. ¿No es para volverse loco, loca (y lo demás)… de felicidad?    

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