Seres humanos ‘hackeables’

Publicado: 09/11/2022
Autor

Daniel Barea

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Ortega Klein escribe: “Google es lo más parecido a Dios. Estas tecnologías influyen ya en nuestros deseos, incluso en los deseos que no sabemos que deseamos”
Se afanaron los expertos que participaron en las recientes jornadas sobre Uso de la tecnología digital en la infancia organizadas por el Colegio de Médicos de Sevilla y la Real Academia de Medicina recientemente en la capital hispalense en valorar las ventajas que ofrece internet como instrumento educativo y formativo, pero les fue inevitable abordar los perjuicios provocados por la utilización excesiva y descontrolada, desde transtornos psicológicos más o menos graves, desde irritabilidad a depresión, a físicos, como síndrome metabólico y degeneración macular, propios de edades adultas, porque existe ya un problema alarmante de salud, no solo entre los menores, vinculado a la tecnología digital que debe ser atajado cuanto antes.

Pero, el uso de la tecnología digital entraña, además, un riesgo tanto o más preocupante en cuanto a la garantía de la libertad de pensamiento. Hoy 29 millones de españoles ya usan de forma activa las redes sociales y pasan casi 2 horas al día conectados a ellas, según Hootsuite. El Estudio Anual de Redes Sociales 2019, presentado por IAB con el patrocinio de Adglow y la colaboración de Elogia, concluía, por su parte, que el uso principal de las redes sociales continúa siendo social, destacan las actividades relacionadas con chatear y enviar mensajes a contactos (65%), ver vídeos y música (57%) y “ver qué hacen mis contactos” (45%). Con todo ello, generamos una multitud de datos que sirven a regímenes autocráticos para controlar nuestras mentes y podrían servir igualmente a las democracias y las empresas. Lo advierte Andrés Ortega Klein, investigador sénior asociado del Real Instituto Elcano, en un mini ensayo al respecto.

Ortega Klein escribe que “Google es lo más parecido a Dios” dado que lo sabe todo. “Estas tecnologías influyen ya en nuestros deseos, incluso en los deseos que no sabemos que deseamos”, agrega.

Estamos en lo que la socióloga Shosana Zuboff llama “la era del capitalismo de vigilancia”, cita el autor. “Las grandes empresas del sector, las big techs, intentan todo el rato leer nuestras mentes para monetizar el proceso, para vendernos deseos o, en el caso de los gobiernos (no solo autocráticos), controlar”. Los seres humanos, en definitiva, concluye Ortega Klein, echando mano de la expresión del historiador Yuval Noah Harari, empiezan a ser hackeables. Pone de ejemplo el microtargeting de comportamiento, herramienta tecnológica para entrar en nuestra mente y cambiarla, y señala el riesgo de “las posibilidades inmersivas que implicará el o los metaversos y la gran revolución transhumanista que supondrá la combinación inmersiva de lo digital y la biotecnología”.

Ante todo esto, propone “incluir y reforzar en nuestros sistemas democráticos, y en otros, el respeto a la intimidad de la mente y a la libertad de pensamiento, además de expresión no ya solo frente a la capacidad de control y manipulación de los poderes públicos, sino también frente a unos poderes privados que han crecido sobremanera”. Reto enorme y complicado. Adictos a los estímulos de internet, ¿cuándo se para uno a pensar que con cada like cuestionamos nuestra libertad?

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