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Viernes 18/06/2021

Desde la Bahía

El ejemplo isleño

Este gesto de los isleños debiera repetirse en todos los demás campos que aquí he citado.

Publicado: 11/04/2021 ·
20:28
· Actualizado: 11/04/2021 · 20:28
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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Hace mucho tiempo leí un artículo de un eclesiástico muy ilustre, en el que indicaba que la Fe precisaba también de la economía, como el color de la retina.   Moneda y creencia parecen conceptos enfrentados, pero cuando el jugo gástrico no tiene qué digerir, se piensa más en el alimento que en Dios y cuando ya tenemos cubierta esta y otras necesidades, pedimos un templo de bella arquitectura y cómodo estar, para recibir homilías o practicar rezos.

Tener ideas brillantes, querer organizar eventos culturales o festejos de muy diversa índole, crear foros, ateneos, academias, grupos de arte, competiciones deportivas, es germen de vida y firme evolución de cualquier pueblo, pero siempre se tropieza con un rudo muro de contención: El aspecto económico. Individualmente todo el mundo está dispuesto a participar en la organización de los actos antes citados, sobre todo si con ello eleva el alicaído carácter socio-cultural, el brillo de su pértiga narcisista, pero cuando se habla que habrá que contribuir al gasto que cualquiera de ellos conlleva, instintivamente llevamos la mano a la cartera y la apretamos fuertemente para que ninguna moneda pretenda escapar del laminado habitáculo en que se encuentra. Aparece la unanimidad. Hay que buscar un “mecenas”. Es entonces cuando los siempre criticados- municipio, comerciantes, empresarios, Banca - ahora, y con los más dulces calificativos adoptando formas de blancas alas, los transformamos en “ángeles protectores” cuya bonanza será paralela a la cuantía que ofrezcan.

Se exigirá chaqueta, corbata, traje negro, largo en las damas, sombrero, capa, medallas y todas las “latas” que pululen por los cajones de los armarios de la casa, tendrán su protagonismo el día de la inauguración. Los organizadores se regocijarán observando su imagen en la primera página del periódico local y emulando a Unamuno, pero con cinismo exacerbado, se dirán “que paguen otros”.

 La Isla, nuestra “salada insula” a la que siempre se le critica su perezosa animosidad o crónica laxitud es, cuando las circunstancias lo requieren o se siente más oprimida, aquel firme y responsable baluarte con que se encontró la hasta entonces irrefrenable marcha triunfal francesa. Ahora el enemigo es pequeño, microscópico, infinito en número, de maldad radical y apilando más féretros que una contienda mundial. Las medidas de prevención son un auténtico tsunami para la economía de naciones, comunidades, municipios.

La actividad recaudatoria se paraliza durante un trimestre en el lugar donde vivimos. El municipio isleño, la mayor Empresa con que cuenta San Fernando, se ve en la necesidad de recurrir al Servicio Provincial de Recaudación y Gestión Tributaria, pidiendo le libren al Ayuntamiento isleño 21,5 millones de euros, para continuar su andadura económica diaria, basándose en que esos son los ingresos que han estimado pueden conseguirse, pero con la enorme duda de si el contribuyente, ante el deterioro que sufre, cumpla los pagos.

Olvidando lemas y consignas de ideales políticos que tanto pregonan los grupos progresistas, pero de “cartera blindada” la responsabilidad social del contribuyente isleño alcanza el grado de ejemplar. La recaudación de Tributos Municipales alcanza el pasado año los 24 millones de euros, superior a los dos años previos, con cumplimiento cercano al 90%, que los dignifica, y con el campo abierto ante Diputación para que la libranza que nos realicen este año, sea superior.

Otra cosa es: qué debemos de exigir a nuestros administradores, conocimiento, experiencia y honradez con mayúsculas. La alcaldesa mostró su agradecimiento y ha prometido entre otras, medidas fiscales extraordinarias. Este gesto de los isleños debiera repetirse en todos los demás campos que aquí he citado. Si queremos una gran ciudad y excelentes servicios, tendremos entre todos que sufragarlos. Ese es el primer deber del ciudadano. Los derechos siempre hacen su aparición con más fuerza entre los que incumplen las normas o no contribuyen en absoluto a las mismas, más por omisión que por imposibilidad. Por eso nuestra primera edil sabe que este ejemplar cumplimiento que le ha ofrecido el isleño, no es una sutil almohada donde descansar su cabeza pensante, sino una rueda de molino que obliga a transformar el trigo recaudatorio en esa blanca harina, que dará el pan que todos, sin excepción alguna, esperamos.  

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