Quantcast
El tiempo en: Jerez
Sábado 25/06/2022  

El jardín de Bomarzo

La Andalucía que quieres

La aparente irregularidad sobre el empadronamiento de Macarena Olona en Salobreña, además, les ha situado en el centro de la campaña

Publicado: 27/05/2022 ·
12:54
· Actualizado: 27/05/2022 · 12:54
Publicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad Ai Publicidad Ai
  • El jardín de Bomarzo.
Autor

Bomarzo

Bomarzo y sus míticos monstruos de la famosa ruta italiana de Viterbo en versión andaluza

El jardín de Bomarzo

Todos están invitados a visitar el jardín de Bomarzo. Ningún lugar mejor para saber lo que se cuece en la política andaluza

VISITAR BLOG

La ex presidente de la Junta Susana Díaz firmó el decreto en octubre de 2018 para adelantar elecciones para el dos de diciembre de ese mismo año en la convicción de que las derechas en ningún caso sumarían y tras intentar en repetidas ocasiones, con reuniones en San Telmo, atar la voluntad futura del que había sido su socio de Gobierno durante la legislatura, Juan Marín, muy unido personalmente con el entonces consejo de Presidencia Jiménez Barrios. Pero ni Marín tenía el consentimiento entonces de un partido en auge como Ciudadanos con aspiraciones a suceder al PP a nivel nacional ni su relación con Díaz daba para tanto e intuía, además, que un posible acuerdo con el PP le daría más notoriedad, le sería a la larga más rentable -pasados tres años y medio de cohabitación, el PP ha terminado por engullir casi por completo a Cs-. El error del PSOE en aquella campaña, y en concreto de Díaz, fue criminalizar a Vox, usar la fórmula ancestral de sacar a la calle el conocido asustaviejas y el cuidado que viene la derecha y, de este modo, catapultó a una formación que un mes antes de las elecciones reflejaba en encuestas dos o tres diputados como máximo y terminó consiguiendo 12 y este hecho fue tan o más importante que los 21 logrados por Cs porque permitió el cambio de gobierno hacia un PP que, no hay que olvidarlo, solo había logrado 26 escaños. De hecho, las miradas de incredulidad la noche de aquel dos de diciembre de 2018 fueron por toda Andalucía porque esa suma imposible de prever se había producido y tras casi cuatro décadas de gobiernos ininterrumpidos del PSOE el cambio se había confirmado.

El nombre de Vox procede del latín voz y, a diferencia de otras formaciones como PSOE o PP, sus letras no son abreviatura de nada, más bien una nomenclatura fácil de recordar creada por Gil-Nogués y registrada por Abascal en el Ministerio del Interior en noviembre de 2013; a diferencia de otros partidos de reciente creación que debieron situarse y explicar su posición ideológica como UPyD o el propio Ciudadanos, Vox no lo necesita porque su procedencia es la ultra derecha, hijos del falangismo, del bando nacional, una parte del electorado que siempre ha existido como existe en el otro extremo en ese PC que se fundió en IU y que se integró en Unidas P; la derecha extrema que durante años se diluyó dentro del PP y que ahora encuentra en Vox ese punto radical al que no llega un PP más centrado sabedor que la gran masa de votos se acomoda en el centro. La cuestión es saber hasta qué punto Vox puede ser capaz de captar el interés de cierto votante del PP, un electorado al que cuestiones como la Ley del aborto o la nueva Trans, inmigración o el concepto de familia, en general, les puede detraer hacia el extremo. Vox tiene mucho voto joven y mucho voto masculino, ese que se siente discriminado -a veces lapidado- por el otro extremo del espectro electoral.

Criminalizar a Vox es como echar gasolina al fuego y sitúa la campaña exactamente donde la formación de Abascal quiere, fue el error de 2018 y puede serlo ahora porque esta formación ha crecido de manera desorbitada gracias al voto del descontento y a tener a prácticamente todos los medios de comunicación en contra, lo que es un reflejo más de la parcialidad democrática de un país que se declara abiertamente demócrata siempre que se opine más o menos lo mismo que la mayoría y que, por costumbre, demoniza los extremos, al p facha o al rojo de m. Y si Vox está en las cifras que está es porque un montón de gente, por las razones que sean pero en su derecho están y son legítimas, les vota, votantes que en gran medida ocultan sus intenciones porque no suena bien, pero que elegirán su papeleta como fórmula de castigo a otros, porque son amantes de la fiesta de los toros o por otras razones que el resto de formaciones tocan de manera muy sutil porque son políticamente incorrectas y ante las que Vox se posiciona sin tapujos y suma adeptos convirtiéndose en la única formación del escaparate electoral que crece y esto se lo deberían hacer ver el resto de formaciones porque indudablemente algo están haciendo mal desde la certeza de que la ultra derecha cada día seduce a más gente. Por desgracia, la autocrítica en política brilla por su ausencia y es común el qué barbaridad ante el auge de Vox, pero no más.

La aparente irregularidad sobre el empadronamiento de Macarena Olona en Salobreña, además, les ha situado en el centro de la campaña y con el tono de tensión que al partido de Abascal interesa, sobre todo tras el desenlace mediante el cual la junta electoral lo ha validado como lícito y convertido, de este modo, en víctima de un posible acoso para evitar que se presente, con la posterior puesta en escena de la candidata presentando una denuncia ante la comandancia de la Guardia Civil de esa localidad por presunto delito de prevaricación administrativa y delito electoral por vulneración de derechos fundamentales. Y Olona, con todo esto, ha elevado en días su nivel de conocimiento al ser el epicentro de todos los informativos, ante lo cual hay quien incluso opina que todo ha sido orquestado por Vox y no, ni son tan listos ni tienen tanta finura para una maniobra de este calado. Pero la han sabido aprovechar porque, desde luego, tontos no son, como también la ha rentabilizado los Andaluces Levantaos liderada por el alcalde de Coria, Modesto González, que es de quien partió la denuncia y que al viejo andalucismo que viene del Partido Andalucista le ha dado foco en medios de comunicación cuando antes apenas lo tenía. Pero pierde PSOE y, sobre todo, PP, que intenta cerrar la pequeña hemorragia de fuga de votos hacia su extremo.

Santiago Abascal volverá a sacar la antorcha a la calle en la presentación de esta campaña que para su partido tanto supone porque le está disputando al PP esa voz en la derecha a la que mucha gente le da volumen y veremos en Andalucía hasta qué punto truena, de hecho a nivel interno susurran que andan por los 26 diputados -que son exactamente los que logró el PP aquel dos de diciembre- y si lo logran se quedarían a escasos metros del PSOE y consolidados como tercera fuerza en la comunidad. Entre PP y Vox, por tanto, podrían rondar los 70 asientos en el nuevo parlamento, algo impensable no hace mucho para una comunidad considerada hasta ahora como el bastión progresista de la izquierda y que, en cambio, se muestra más que eso conservadora en lo suyo, en sus costumbres, tradiciones, cultura y, también, en gobiernos que gobiernan y conservan la Andalucía que los andaluces quieren.

TE RECOMENDAMOS