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Viernes 19/07/2024  

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“Casi no puedo dormir”: un celador de Jerez acaba con el tímpano y el tabique nasal rotos

Raúl L.G, de 63 años y trabajador en el Hospital de la Línea, relata la agresión que sufrió en la Unidad de Salud Mental, hace varias semanas

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  • Hospital de La Línea. -

Suelen ser reacios a narrar en primera persona la agresión de la que han sido víctimas, pero la asiduidad con la que empiezan a darse estos episodios en hospitales y centros de salud contra su personal corre el peligro de que acaben normalizándose, como los sindicatos llevan tiempo advirtiendo. De nuevo, como trasfondo, está la falta de personal.

Me dijeron que era conveniente que lo hiciera,denunciara por la falta de personal que sufrimos. Llevamos mucho tiempo necesitando más gente, intentamos hacerlo lo mejor que podemos y que sabemos”

Raúl L.G, de 63 años y  vecino de Jerez, trabaja como celador en la Unidad de Salud Mental del Hospital de La Línea de La Concepción desde hace 14 años y cinco meses y lleva varias semanas de baja médica en su casa de Jerez.

Allí se recupera de la paliza que recibió mientras realizaba su trabajo. Es la segunda vez que le ocurre. No termina de encontrarse bien, ni física ni mentalmente. “Tengo dolores, casi ni duermo. Estoy muy afectado psicológicamente”, cuenta a este medio, tras reconocer que se va a poner en manos de profesionales para que le ayuden a afrontar el mal momento por el que está pasando desde que un paciente se abalanzó sobre él y comenzó a asestarle golpes.

Fueron unos minutos, pero suficientes para que romperle el tímpano, el tabique nasal y el labio. A ello hay que sumar los golpes en la cabeza y por todo el cuerpo que recibió.  “Le intenté parar pero me cogió de sorpresa”, se lamenta.

El día antes, por orden judicial, la Policía Nacional había trasladado al citado hospital a un ciudadano de nacionalidad extranjera de 23 años para su ingreso en Salud Mental. Los hechos se produjeron 24 horas después en una unidad que, al igual que Urgencias, “se presta a situaciones de tensión”.

 “En Salud Mental nos entran pacientes de todo tipo; algunos lo llevan bien, otros no, y al que me agredió no le gustó que lo encerrarán allí”, señala. En su caso, como cualquier otra jornada de servicio, estaba haciendo su turno en la unidad de salud mental de agudos, a la que se deriva a pacientes “con un conflicto muy grande” mientras el facultativo le diagnostica y regula el tratamiento que deberá recibir. 

Hasta que son medicados, esa transición es complicada, y puede traducirse en salidas conflictivas, como la que vivió este celador. “Estábamos en la zona común; este chico, que no estaba inmovilizado, le tenía mucho respeto a las compañeras, pero no a los hombres; yo era el único de mi turno, y empezó a molestar a los pacientes y a decir que se quería ir”. 

Le intentó calmar, pero fue en vano. “Le dije que no se pusiera nervioso, que el médico iba a venir, pero se alteró y me gané yo los porrazos. Él no es un enfermo mental, estaba en sus plenas facultades, pero acababa de llegar. Necesitaba más tiempo”, precisa.

Raúl no fue capaz de contar el tiempo, pero los minutos se le hicieron una eternidad “hasta que llegaron mis compañeras y personal de seguridad” y pudieron separarlo y reducirle. Ha denunciado los hechos en la Comisaría, pero no está demasiado esperanzado en que sirva para algo. “Me dijeron que era conveniente que lo hiciera, por la falta de personal que sufrimos. Llevamos mucho tiempo necesitando más gente, intentamos hacerlo lo mejor que podemos y que sabemos”, manifiesta.

La gran reivindicación del colectivo

Y es que, como explica, el déficit de personal es extensivo también a los profesionales de seguridad. “También son pocos para tantas unidades”, mientras que en salud mental, precisa, son cinco por turno para 14 pacientes.

“A veces por la mañana hay dos más; estamos hablando de una unidad de especial complejidad, con mucha responsabilidad para los profesionales, pues tenemos a los pacientes a nuestro cargo, si les ocurre algo tenemos que responder ante sus familiares”, apunta.  Están al límite. “Es que ya con menos de cinco esto no se puede sostener”, señala.

Lejos de lo que muchos suelen pensar los celadores, trabajadores imprescindibles en cualquier sistema sanitario, no están considerados ni personal sanitario ni de riesgo, pese a que, como Raúl, están en primera línea y tienen contacto directo con los pacientes. En la práctica se convierten en el primer eslabón de la cadena sanitaria.

“Si a lo mejor hubiera sido médico o enfermero mi agresión hubiera trascendido más”, reconoce, sin perder la esperanza en que en un futuro puedan ser reconocidos como personal sanitario, una de las grandes reivindicaciones de este colectivo. 

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