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Martes 09/08/2022  

Lo que queda del día

Un programa electoral extraordinario

Llegar al 1 con una vieja canción no era lo único extraordinario que ocurría en los 80-90. Los partidos políticos te contaban entonces sus programas electorales

Publicado: 28/05/2022 ·
18:56
· Actualizado: 28/05/2022 · 18:56
  • Foto de archivo de elecciones en Andalucía.
Autor

Abraham Ceballos

Abraham Ceballos es director de Viva Jerez y coordinador de 7 Televisión Jerez. Periodista y crítico de cine

Lo que queda del día

Un repaso a 'los restos del día', todo aquello que nos pasa, nos seduce o nos afecta, de la política al fútbol, del cine a la música

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A finales de los años 80 y primeros de los 90 aún pasaban cosas que ahora nos parecen extraordinarias, como que Roy Orbison llegara al número 1 con Pretty woman. Aunque el caso más significativo lo había protagonizado un par de años antes Nina Simone con My baby just cares for me, una canción que ya tenía 30 años cuando llegó a nuestros oídos por primera vez. Por entonces no teníamos ni idea de quién era Nina Simone, y asociábamos la imagen de la gran dama del jazz y el soul a la de la gatita de plastilina a la que ponían su voz en un videoclip ambientado en un club nocturno, que sirvió también de portada del single.  

Aquellos años fueron el último territorio virgen antes de que llegara la revolución digital liderada por internet y condicionara todos nuestros usos y costumbres. Si mi hija descubre ahora, por ejemplo, July tree solo tiene que entrar en Google para saber que fue uno de los últimos temas que interpretó Simone antes de autoexiliarse en Francia tras la muerte de Martin Luther King, convencida de que la causa por la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos estaba perdida.

La comparación no soporta siquiera un asalto: de conocer a golpe de click la vida y obra de una cantante después de escuchar su voz por primera vez a identificarla con una gatita de plastilina.

Pero no era lo único extraordinario que ocurría en los 80 y 90. Los partidos políticos te contaban entonces sus programas electorales, lo que pretendían hacer si llegaban al poder, aunque después no lo cumplieran. Aún prevalecía el convencimiento de que para que los ciudadanos les votaran, tenían que explicarles con antelación lo que pensaban hacer, como aquella ocasión en la que Miguel Arias Cañete fue a respaldar un mitin del PP para las andaluzas en Puerto Serrano y a la finalización del mismo se le acercó uno de los asistentes para reconocerle que todas las propuestas que habían hecho eran más que razonables e incluso necesarias, pero que no les iba a votar porque los del PP eran todos de derechas -Miguel Arias lo cuenta con las palabras exactas, sin traducción, aunque sirva de ejemplo para retratar, más que una época, una concepción de la práctica política cada vez más en desuso en favor del mensaje, que no del programa-.

En la actualidad, para conocer a fondo los programas electorales de los partidos, hay que hacer como cuando descubres por primera vez la voz de Nina Simone: buscarlos en internet. Y un consejo: guárdalos, porque hay quien los elimina al día siguiente de las elecciones para borrar sus huellas. De otra forma, en plena campaña, es imposible acertar a conocer con profundidad las líneas maestras de cada propuesta electoral, más allá del significado de las siglas o del componente emocional de cada marca, como poco a poco vamos percibiendo en el transcurso de esta acelerada precampaña rumbo al 19 de junio.

Si les pregunto por Andaluces Levantaos, les sonará que han sido los que han denunciado el empadronamiento de Macarena Olona en Salobreña, donde ni estaba ni se la esperaba. Si lo hago por Adelante Andalucía estarán más bien al tanto de sus problemas para tener presencia en los medios públicos. Si de Por Andalucía, reconocerán que aún cuesta desquitarse del “momento De Gea” -como lo definió Fernando Santiago- protagonizado por la coalición de izquierdas durante su inscripción oficial. Si les cuestiono sobre Vox tendrán constancia de su acreditado victimismo y de su rebuscada omnipresencia hueca.

Si proseguimos con Ciudadanos, prevalece el empeño, desaprovechado durante toda la legislatura, de reivindicar su gestión y la aspiración de reeditar un pacto que a estas alturas se antoja improbable. Si es el PSOE, lo que llama la atención es el esfuerzo por dar vidilla a Vox -salvo que lo den todo por perdido y sea en detrimento futuro de Feijóo- y por subir al escenario a Pedro Sánchez, que les asegura minutos en pantalla, aunque no sé si votos. Y si del PP, estarán al tanto del recopilatorio de “grandes éxitos”, incluidos los ajenos, y del fondeo en aguas socialistas en busca del votante desilusionado para ser mayoría.

Para todo lo demás, busquen en cada página web.   

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