LA PRIMA VERA

Publicado: 18/04/2021
Autor

Manuel Varo Pérez “Ica”

Autor que cantara a su pueblo por carnavales y escribiera parte de su historia en Barbate Información, Trafalgar Información y Viva Barbate

Tambucho y Emparrillao

Narrador empedernido de un paraíso llamado Barbate, donde la naturaleza se distingue por su belleza

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Cuando ella llega, solo pretende hacernos felices, quizás para remediar todos los sinsabores que nos causaron sus tres hermanitos menores...
De los cuatro primos que cada año me siguen visitando, es la prima Vera, la primogénita, la más benigna y generosa. Aunque sus otros tres hermanos gozan de cualidades excepcionales, ningunos son como ella; por ejemplo, el hermano que la sigue, tan efusivo y caluroso, principalmente se preocupa de su excelente estado anímico y nunca tiene prisa. Para él, lo más importante es vivir intensamente a todas horas. Así que quién se empeñe en aprovechar todo lo que le ofrece: desde un despertar tempranero, tumbarse en la arena de una playa bajo los rayos sol, purificándose en el azul reino de Neptuno, o vivir sus cálidas madrugadas de juergas nocturnas: terminará rendido y empapado con sudorosa resaca, lo que impedirá estar dispuesto para seguir soportando sus alocadas correrías.

Su hermano tercero, de genio más tranquilo y melancólico, aparentemente ofrece buena predisposición, pero a mitad de su prolongada estancia se va convirtiendo en un ser aburrido y mustio que termina entristeciendo todo ambiente que le rodea, haciendo decaer los ánimos como las ramas de los árboles, hasta contagiar su amarillento aspecto y marchitado comportamiento.

Si hablamos de su hermano menor, es tan gélido y sombrío que cuesta soportarle, y los días que se levanta medianamente tolerante, en cualquier momento puede transformar y modificar su semblante, incluso tirar por tierra cualquier proyecto pensado con antelación, apareciendo como el ser más inhóspito y desapacible, incluso impidiendo salir a la calle, viajar y hasta privar la libertad esclavizándonos a una dura reclusión. Son tales los desaguisados que puede provocar, que no hay quién se atreva a organizar salidas o excusiones extraordinarias mientras se encuentra entre nosotros.

Sin embargo, cuando ella llega, solo pretende hacernos felices, quizás para remediar todos los sinsabores que nos causaron sus tres hermanitos menores; y como hermana mayor, intenta minimizar los daños que pudieron ocasionar, tratando de sorprendernos cada mañana con su resplandeciente belleza; cada tarde con su aromatizada brisa, y cada noche con los perfumes más sutiles y embriagadores.

Desde el primer día que aparece, nos invade su extraordinaria afabilidad y prestancia. Hace que todo a su derredor cobre vida, se manifieste, se multiplique, se adorne de sus mejores galas y exhiba sus más bellos colores. Nada ni nadie se siente triste cuando ella está presente. Su creativa armonía es tan natural que, lo bueno lo hace exquisito y lo exquisito sublime. Ilusiona con su poderosa virtud y arrolladora personalidad. Su “santo y seña” son los colores y la fragancia. Todo lo inunda de perfumes deliciosos y hace estallar todas las tonalidades del iris pintándose de alegría, de juventud, de esperanza... Cuando ella llega, nada se esconde, todo florece, la propia vida cobra vida, despertando tantas inquietudes; tantos deseos; tantos gozos, que remedia y empequeñece todo agravio y aptitud negativa que produjeran sus hermanos. Ahora coincide que está aquí con nosotros, personalmente le agradezco todo el bien que nos hace y, sin despreciar a ninguno de sus hermanos, es de justicia decir que, de todas las visitas que durante el año recibimos, la mejor de todas es cuando ¡llega la primavera!. 

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